«La dirigiría… si supiera cómo.»
Aquí no se aprende a usar la inteligencia artificial. Se aprende a dirigirla.
Dirigiría es un programa para colegios en el que los alumnos de secundaria construyen aplicaciones reales con IA. El alumno decide qué se construye, para quién y por qué. La IA ejecuta.

Empecemos por lo que no es.

No es un curso de programación.
Nadie va a memorizar sintaxis. El código lo escribe la IA; el alumno decide qué se construye, para quién y si está bien hecho.

No es un chatbot para hacer los deberes.
Aquí la IA no responde preguntas de examen. Recibe encargos, y un encargo mal hecho da un producto malo. Eso también se aprende.

No es una hora más de pantalla.
Es una hora de decidir, discutir en equipo, hablar con un cliente y defender un trabajo delante de gente. La pantalla es la herramienta, no el plan.
El alumno dirige. La IA ejecuta.
Cada alumno actúa como el CEO de una empresa pequeña cuyo equipo técnico es la inteligencia artificial. Decide qué construir, lo encarga con claridad, prueba lo que recibe y juzga si está a la altura.
No escribe código ni necesita leerlo. Lo que entrena es criterio: entender un problema, recortar lo que sobra, desconfiar de una respuesta que suena bien y decir que no cuando algo no está listo.
Y lo que construye no es un ejercicio. Es una aplicación que alguien de su colegio va a usar.

De una idea a una app publicada.
Todo ocurre dentro de la plataforma de Dirigiría, pensada para el aula y supervisada por el profesorado.
Una idea
Alguien del colegio (un compañero, una profesora, el personal del centro) publica en El Board un problema que le gustaría resolver. No es un encargo: es una idea.
Un equipo
Dos o tres alumnos, a veces de cursos distintos, la adoptan. Entrevistan a quien la propuso y dejan por escrito qué van a construir y qué no.
Construcción con IA
El equipo dirige a la IA en ciclos cortos y cada decisión importante queda en su bitácora. Quien propuso la idea prueba los avances por el camino.
Una app publicada
Tras la revisión del profesor, la app se publica en La Store del colegio. La comunidad la usa y la valora, y el equipo la mantiene.
La IA trabaja dentro de los límites de uso que fija el colegio, y el profesorado ve en todo momento qué se construye y cuánto se consume.
Así se trabaja aquí.
El mismo ciclo que sigue cualquiera que dirige un proyecto de verdad. Se repite cada semana hasta que se convierte en hábito.
Paso 1
Decidir
Qué problema resolvemos y para quién. Sin esto no hay encargo.

Lo que se entrena no es la herramienta. Es el criterio.
Un curso, tres hitos.


Hito 1
Una app para ti mismo
La primera aplicación resuelve un problema propio. Pequeña, pero real y en uso.

Hito 2
Una app para alguien del colegio
Un profesor, el equipo de comedor, otra clase: alguien con un problema real la encarga y la usa.

Hito 3
Demo Day
Un evento abierto en el que cada equipo presenta su trabajo a familias, profesores y compañeros. Las familias están invitadas.
Lo que se llevan a casa (y a todo lo demás).
No prometemos que salgan sabiendo una tecnología concreta: en dos años será otra. Prometemos hábitos que valen con cualquiera.

Pedir bien.
Formular un encargo claro, con contexto, límites y un resultado esperado.

Desconfiar bien.
Verificar antes de dar algo por bueno. Detectar cuándo la IA se equivoca con toda seguridad.

Decidir con otros.
Repartir el trabajo en equipo, discutir sin bloquearse, asumir lo que se firmó.

Escuchar a un cliente.
Entender el problema de alguien antes de proponerle una solución.

Presentar en público.
Enseñar un producto, contar lo que falló y qué se hizo con ello.

Cuidar los datos.
Saber qué no se le dice nunca a una IA. Desde el primer día.
Pruébalo: dale un encargo a la IA.
Elige un encargo y mira lo que sale. Es la diferencia que los alumnos aprenden a ver en las primeras semanas.
«Hazme una app para el patio.»
La IA hizo lo que pudo con lo que le dijiste. No sirve para nada.
Eso es dirigir.
Lo que recibe un colegio.
Dirigiría se implanta como un programa completo. No hace falta un departamento técnico ni un profesor que sepa programar.
La plataforma
El Board para las ideas, La Store para las apps publicadas, la bitácora de cada equipo y un acceso a la IA con límites de uso por equipo y consumo visible para el profesorado. Un único entorno, con las cuentas del propio colegio.
El curso preparado
Un cuaderno del profesor con cada sesión lista para dar y un cuaderno para el alumno. Con rúbricas, banco de preguntas y una guía para hablar con las familias.
Acompañamiento
El profesor que imparte el programa no está solo: tiene soporte durante todo el curso para las dudas de método y de plataforma.
Las tres reglas que sostienen todo.


Regla 1
No hace falta saber programar. Hace falta criterio, y el criterio se entrena.

Regla 2
La IA se usa solo por los canales del programa. Un entorno supervisado por el profesorado, con la actividad registrada y un límite de uso por alumno.

Regla 3
Ningún dato personal entra en la IA. Ni nombres, ni fotos, ni datos de compañeros o de familias. Es innegociable y se entrena como un hábito.
Sobre los datos de vuestro hijo o vuestra hija: la plataforma guarda su cuenta y su trabajo. Antes de empezar, la familia autoriza el tratamiento conforme al RGPD. Cada alumno puede pedir una copia o el borrado de su información desde su propio panel, y nada de lo que un equipo publique sale a la luz sin revisión del profesor.
Preguntas que nos hacen los colegios.
¿Hace falta que el profesor sepa programar?
No. El programa no enseña programación y el profesor no la necesita. Su papel se parece más al de un entrenador: provoca decisiones, acompaña la relación con quien propuso la idea y protege el marco ético.
¿Y los alumnos?
No, y tampoco se enseña. Lo que se entrena es el criterio para decidir qué construir, cómo pedirlo y si el resultado está bien.
¿Qué IA se usa y quién la paga?
Los alumnos trabajan con Claude, de Anthropic, a través de la plataforma. Ningún alumno tiene una clave propia: el acceso pasa por un servidor intermedio que aplica límites de uso por equipo, así que el gasto no se dispara y el colegio lo ve en tiempo real.
¿Para qué edades es?
Para secundaria, de 2.º a 4.º de la ESO: cada alumno trabaja con su propia cuenta de GitHub, que pide tener al menos 13 años. Los equipos pueden mezclar cursos, y suele funcionar mejor así.
¿Extraescolar u optativa?
Las dos formas son posibles. El curso completo son 40 sesiones de una hora repartidas en tres trimestres.
¿Qué pasa con las apps al acabar el curso?
Siguen publicadas en La Store mientras el colegio quiera. El equipo puede seguir mejorándolas o retirarlas cuando dejen de tener sentido.
¿Y el móvil?
El trabajo se hace en los equipos del programa. El móvil se queda fuera; no hace falta para nada.
¿Lo imaginas en tu colegio?
Cuéntanos cómo es tu centro y te explicamos cómo encajaría Dirigiría: grupos, calendario y lo que haría falta para empezar.
Sin formularios ni listas de correo: nos escribes y te contestamos.


